Mi vida en una empresa llamada Olivetti.  (3)

Por José Luis Varas. 30 de Agosto de 2008

Estoy acabando mis vacaciones. Todavía tengo la inercia de diferenciar mi vida “normal”, de la que llamo vacacional, aunque la única diferencia sea de emplazamiento. Ya no realizo ninguna actividad laboral y por lo tanto no es propio que hable de vacaciones, pero aún no me he hecho a la idea. La deficiencia verbal es significativa. ¿Nacerá en mi un nuevo orden mental en algún momento? Espero que la catarsis que supone este resumen me ayude a ello.

Tengo prisa por empezar mi nueva vida, tengo muchas cosas que hacer y me falta tiempo, no sé cuanto, pero me falta tiempo, así que debería cerrar cuanto antes el capítulo de mi segunda vida, mi vida laboral en Olivetti.

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En el STAC conocí a muchas personas dignas de consideración, pero sobre todo dos de ellos me impresionaron: Enrique Puig y Pepe Castro. Eran dos personas muy distintas, casi opuestas en sus virtudes y capacidades, pero resolvían un problema aparentemente parecido: eran responsables respectivamente, de lo que entonces se llamaba Taller Barcelona y Taller Madrid.

El Taller Barcelona estaba localizado sorprendentemente en el recinto de la fábrica y sufría el contagio de sus conflictos laborales, muy frecuentes en aquellos años. El impacto de las huelgas en el servicio a los clientes era importante. Dirigir aquel centro de asistencia en esas condiciones era muy difícil. Enrique Puig y Pablo Yagüe, que lo secundaba, tenían una fortaleza sorprendente, que a mi entender de entonces, no se les reconocía suficientemente. Siempre he sentido envidia de la capacidad que tenían esos compañeros para mantenerse serenos ante múltiples problemas simultáneos. Más de una vez su recuerdo me ha ayudado.

Tuve la oportunidad de vivir de cerca, durante varios años, el proceso de negociación del convenio colectivo del Grupo Olivetti en España, uno de los más transcendentales del ambiente laboral en la Cataluña de aquellos años. La negociación, por parte de la empresa, la dirigía el Sr. Salaberri, Director de Recursos Humanos del Grupo. Era un hombre fuera de serie. Muy capaz para llevar una negociación tan compleja como aquella. Aprendí mucho de él y de sus opositores. Aprendí todo lo que sé sobre negociación. Nunca tuve mejor oportunidad que aquella. Cuando eres un joven inexperto y te encuentras, por casualidad, ante una oportunidad de aprender, nunca piensas que quizás es la oportunidad de tu vida, tienes la impresión que se repetirá muchas veces, luego resulta que no, que era algo extraordinario. Afortunadamente yo estuve muy atento, me apasionaba.

El Taller Madrid estaba rodeado de clientes y sobre todo de vendedores importantes. El compromiso comercial era comprometido. La Dirección del Stac tenía sus propios objetivos, diferenciados y no siempre coincidentes con los comerciales. La calidad de asistencia se incorporó como objetivo explícito sólo un tiempo después. El Centro de Asistencia de Madrid debía ser muy sensible a los grandes clientes, sin descuidar la rentabilidad. Muchas veces las deficiencias de los productos se confundían con la calidad de asistencia, y no era fácil manejar la situación. Castro tuvo la habilidad de convencer a los comerciales, de que era capaz de utilizar la asistencia técnica como un argumento positivo frente a los clientes. De eso se derivó una nueva organización y la entrada de Eusebio Calvo en Taller Madrid.

A partir de entonces y durante muchos años, tuve la suerte de tener frecuente contacto con Eusebio. Un entrañable amigo. Eusebio tiene muchas virtudes humanas y profesionales, pero si tengo que resumir su habilidad más destacada, lo defino como maestro en ser firme, fundamentalmente firme, sin provocar nunca un conflicto importante. Lo contrario de algunos políticos incapaces, que acaban cediendo lo fundamental después de provocar un grave conflicto. También de él he aprendido cosas muy útiles.

En Madrid coincidían varios grupos comerciales, algunos muy importantes: Sistemas, SEO, Sucursal Madrid. Cada uno con una cultura comercial distinta, con necesidades comerciales diferentes. Florensa, Tutusaus, De Miguel; eran responsables comerciales de mucho peso, que podían condicionar la carrera de cualquier jefe Stac.

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Creo que los recuerdos son siempre imprecisos y si transcurre mucho tiempo lo son más. La percepción de los hechos es distinta según el punto de vista, el paso del tiempo desdibuja los contornos. ¿Cómo nos afectaron personalmente los acontecimientos? ¿Cómo hemos mantenido el recuerdo?

El recuerdo mantenido en el tiempo, es una amalgama de materiales heterogéneos: sensaciones, emociones, sentimientos. Algunos positivos, como ternura, amor, placer; otros negativos, miedo, dolor, odio. Los hay que se pueden mezclar y forman la parte dura, persistente, del recuerdo; otros se repelen entre sí, son el envoltorio del recuerdo y sufren más transformaciones después de transcurrido un tiempo.

La vida es una serie de acontecimientos, algunos no tienen consecuencias para nosotros y se recuerdan mal. Otros han tenido consecuencias y constituyen nuestra vida, nos han ido convirtiendo en lo que somos. Las consecuencias nos condicionan, para bien o para mal, y no precisamos hacer ningún esfuerzo para recordarlas, están siempre con nosotros, somos nosotros.

Lo que queda, después de vivir un tramo de nuestra vida son esencialmente las relaciones humanas: el placer, el sufrimiento, el miedo, el amor, el odio están referidos a personas. Por eso, rememorar de verdad esos sentimientos o emociones una vez pasado el tiempo, se consigue mejor reencontrando a las personas. Eso es lo que vamos a hacer con este encuentro: Olivetti 100.

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